Desde Revolución Obrera hemos
sostenido que el capitalismo atraviesa por una etapa cuya
característica principal es su agonía, y lo estamos viendo con todos los
acontecimientos recientes, especialmente en el último período cuando
los imperialistas se preparan frenéticamente para la guerra por un nuevo
reparto del mundo; a la par que, principalmente Estados Unidos ha
profundizado su agresión contra los pueblos del mundo.
En
Palestina no para el genocidio agenciado por los EE. UU. y ejecutado
por su perro de presa Israel, hace unas semanas Trump agredió a
Venezuela y amenazó a otros países, luego agredió a Irán y escaló el
criminal cerco contra Cuba, por solo mencionar algunos de los hechos en
la lucha interimperialista por los recursos naturales, los mercados y la
fuerza de trabajo mundial.
Los
preparativos de guerra y la agresión a los pueblos ha tenido la justa
respuesta de las masas populares en todo el mundo incluido Estados
Unidos. Y no podía ser de otra forma, por cuanto todas las medidas de
los Estados imperialistas y sus lacayos en los países oprimidos agravan
la crisis económica y social, cuyas consecuencias son descargadas sobre
el proletariado y los pueblos que responden mediante paros, huelgas
parciales y generales, y levantamientos populares, convirtiéndose en el
fenómeno más importante de la realidad mundial que todos los medios
oficiales tratan de ocultar, por cuanto expresa la agudización extrema
de la contradicción entre el proletariado y la burguesía, no en uno u
otro país, sino en la arena mundial.
En
febrero de este año se presentaron huelgas en Inglaterra e Irlanda y
una poderosa huelga general de más de 300 millones de obreros y
campesinos en la India, seguidas por las gigantescas manifestaciones en
Estados Unidos y en Europa, para dar paso a otras tantas huelgas y paros
en abril en Haití, India y otros países, sobre algunos de los cuales
vamos a referirnos.
En la India – Asia desde
el 13 de abril los obreros se levantaron en masa haciéndose sentir
nuevamente en las zonas industriales del sur de Delhi, un levantamiento
que se considera por algunos como el más fuerte luego del que se
presentó en esta zona en 2015.
Este
escalamiento se dio tras meses de tensiones acumuladas por el incremento
desorbitado del costo de vida, cuyo precedente inmediato fue la
agitación en la región de Manesar y otras olas previas donde los obreros
exigieron la reducción de la jornada laboral a un máximo de ocho horas,
el pago de salarios atrasados, la equiparación de condiciones para el
personal temporal y el aumento del salario mínimo del 35 %, una promesa
incumplida por las patronales y sus aliados de los gobiernos locales.
Otro
hecho importante fue el movimiento de los cascos amarillos, que entre
enero y marzo de este año quienes realizaron 28 grandes huelgas en
importantes sectores estratégicos como la construcción, el acero y el
petróleo en contra de los accidentes mortales, siendo de destacar que en
la refinería Punipat 30 000 trabajadores se enfrentaron con las fuerzas
represivas.
El epicentro de la furia
proletaria fue en Noida —suburbio de Delhi— con 650 000 habitantes y uno
de los mayores cinturones industriales de Asia que alberga potentes
sectores de automoción y electrónica; a ellos se sumaron los de la
plataforma digital y los trabajadores domésticos que tras una semana de
ser ignorados por las patronales y por el Estado se tomaron las calles;
más de 40 000 trabajadores superaron las fuerzas policiales al punto que
les tocó salir corriendo; en comparación con las anteriores huelgas
esta se caracterizó por una mayor radicalidad en las formas de lucha, el
uso de bloqueos de carreteras y, sobre todo, la solidaridad entre los
trabajadores de distintas fábricas, superando los límites geográficos y
sectoriales; en Manesar se desencadenaron paros inmediatos en la planta
de Noida tras la represión policial; la autoridad local prohibió las
concentraciones y las redes sociales como Instagram, pero a pesar de
estas represalias de las fuerzas policiales persistió la combatividad y
la agitación en las calles.
En Kenia – África igualmente,
se presentaron movilizaciones en la capital Nairobi, contra el
despliegue económico de Francia en la parte oriental de ese continente.
Se realizó una huelga contra el alza en los precios de los carburantes
que coincidió con el foro respaldado por Macron y organizaciones
«socialistas» quienes suscribieron una declaración en la capital
keniana.
Entre los días 11 y 12 de mayo
Nairobi se convirtió en escenario de una brutal represión contra las
masas que protestaban, mientras el presidente William Ruto y su homólogo
francés Emanuel Macron inauguraban el foro económico «Africa Formand»
en medio de las luchas contra el alto costo de vida y sobre todo por el
del combustible; paralelamente se reunían en un evento alternativo que
congregó a representantes del Partido Comunista de Kenia, el Partido
Comunista de Gran Bretaña (ml), el Partido de la Democracia Popular de
Corea del Sur, así como delegaciones de Benin, Suiza y diversas
organizaciones de América Latina y Europa, lo que generó un conflicto
abierto, mientras la manifestación de corte comunista avanzaba por las
avenidas céntricas de Nairobi para protestar por la presencia de las
delegaciones oficiales occidentales.
La
movilización fue duramente reprimida por la policía, desplegando
unidades de las fuerzas especiales para disolver la marcha, terminando
con la detención de más de 60 personas, de las cuales, 19 permanecieron
bajo custodia durante varios días con cargos de «alteración del orden
público y violencia». Entre los detenidos se encontraba Samul Jobunga,
máximo dirigente de la organización estudiantil de Kenia junto a 12
miembros del Comité Central del Partido Comunista Keniano.
A
este acontecimiento y la tensión política se suma la huelga masiva de
transportistas y trabajadores del sector energético desencadenada por la
escalada en el precio del crudo y las recientes reformas fiscales al
combustible, que aumentaron los precios del Súper y el Diesel el pasado
14 de mayo por decreto de la Autoridad Reguladora de Energía y Petróleo
(EPRA). El resultado, gracias a las vías de hecho, fue la rebaja del
diésel a 10.6 chelines por litro, pues el precio del combustible, se
había fijado en un máximo de 242.92 chelines.
En Bolivia Suramérica están
en las calles obreros, campesinos, organizaciones sociales e indígenas
llevando a cabo un gran y contundente bloqueo en al menos 26 puntos
clave, cerca del palacio de gobierno y dejando completamente paralizada
la región de La Paz. La nueva huelga general se lleva cabo en contra del
alto costo de vida, ante la falta de avances en cuestiones salariales,
en rechazo a un paquete de diez leyes impulsado por el ejecutivo que de
acuerdo con los huelguistas «precariza las condiciones laborales y
entrega recursos estratégicos a corporaciones transnacionales».
Los
manifestantes condicionan de forma estricta la suspensión de las
medidas de presión a la renuncia inmediata del presidente Rodrigo Paz,
posición que se ha fortalecido por la persecución judicial a la
dirigencia obrera reflejada en la orden de aprehensión por presunto
«terrorismo» contra el Secretario Ejecutivo del Congreso Ordinario de la
Central Obrera Boliviana (COB), Mario Argollo. Es de anotar que el
pueblo boliviano tiene una gran trayectoria de lucha que ha llevado
hasta tumbar presidentes; pero como era esperarse, ninguno de los
sucesores resolvió el problema de raíz, pues un cambio de presidente no
es suficiente dentro de la sociedad capitalista que está exigiendo
destruir el Estado de los explotadores para cambiar de raíz el sistema.
Todas
estas oleadas de paros, huelgas políticas y levantamientos populares,
algunos de ellos convertidos en insurrecciones en diferentes partes del
mundo, son una muestra de la respuesta, todavía espontánea o
semiconsciente, de la clase obrera y los pueblos a la gran crisis
económica mundial, que es descargada en las espaldas de los obreros y el
pueblo trabajador; crisis de la cual los imperialistas tratan de salir a
través de las guerras de rapiña y reparto, como las que estamos viendo
en Ucrania, Irán y en todo el Medio Oriente. Guerras que a su vez
profundizan la crisis y ocasionan la rebeldía de las masas en todo el
mundo, creando a su paso crisis políticas y preparando una situación
revolucionaria.
Por consiguiente, se
necesita con urgencia una organización mundial de los trabajadores para
frenar al imperialismo y sus ansias de ganancia, para detener el acabose
de la humanidad mediante la latente tercera guerra mundial, como lo
hemos dicho en nuestro Programa para la revolución en Colombia,
«la fase imperialista del capitalismo es la fase de su descomposición,
de su agonía, es la antesala del socialismo». El mundo está maduro para
la revolución, pero se requiere de la organización de los
revolucionarios a nivel internacional.
Todas
las condiciones de la lucha de clases muestran que se necesita una
orientación revolucionaria a nivel mundial; la fuerza social está en
todo el mundo luchando aisladamente y algunos siendo derrotados por
separado, y en ocasiones como en Bolivia, reduciéndose a un cambio de
presidente o insurrecciones solo para lograr reivindicaciones inmediatas
importantes; pero están dadas las condiciones objetivas, no solo para
luchar por reformas, sino para destruir la maquinaria estatal burguesa,
construir el nuevo Estado de los trabajadores e instaurar un orden
social dirigido por los de abajo: los obreros y los campesinos.
Esta
situación exige que los revolucionarios depongamos el sectarismo,
hagamos un esfuerzo en la construcción de esa organización tan necesaria
a nivel internacional, para lograr triunfos en los distintos países e
impedir que los imperialistas sigan arrasando pueblos enteros como el
palestino; son esos triunfos los que necesitan los pueblos del mundo
para avanzar en la preparación de las fuerzas que les permitan acabar
definitivamente con el orden burgués, y para ello, se necesita la unidad
y la organización internacional del proletariado revolucionario.
La
clase obrera y los pueblos del mundo ya hacen lo suyo, levantándose en
contra del imperialismo y la explotación mundial capitalista, ahora le
corresponde a los revolucionarios, al elemento consciente, hacer lo
propio, organizando la Asociación Mundial del Proletariado.
Comité Ejecutivo UOC (mlm)
Mayo 30 de 2026