
La olla, símbolo de juntanza y solidaridad que tuvo su máxima expresión durante el levantamiento popular y que fue proscrita por los enemigos del pueblo, reaparece hoy en medio de la tragedia que vive el país tras el terremoto del 10 de agosto.
Más que la olla en sí misma, es la comunidad, la juventud y quienes conservan una profunda sensibilidad humana los que se han unido nuevamente para brindar una de las expresiones más bellas que existen ¡la solidaridad!, una práctica que florece especialmente entre las clases trabajadoras.
En los lugares golpeados por la tragedia —Cali, Pereira, Manizales y Chocó— las comunidades se han movilizado para brindar apoyo. Primero acudieron con sus propias manos para remover escombros y rescatar a quienes quedaron atrapados; los expertos afirman que las primeras 72 horas son cruciales. Después llegó la olla. Los rescatistas necesitan comida y agua, y la olla, junto con todas las personas que se reúnen alrededor de ella, demuestra cómo las masas aprendieron que solo el pueblo salva al pueblo. Lo más peligroso de las ollas, tanto durante el levantamiento popular como ahora, es que unen voluntades, y eso es precisamente lo que más temen los poderosos.
Y hablando de los poderosos, políticos, periodistas, influencers, artistas y demás representantes de las clases explotadoras volvieron a demostrar su mezquindad. Desde el trino de la tal Jerome, burlándose del terremoto, hasta la entrevista de Néstor Morales en Blu Radio a los Topos de México, cuestionando su solidaridad por trámites burocráticos, pasando por las medidas absurdas adoptadas por gobernantes como el alcalde de Cali, Alejandro Eder, quien decretó el toque de queda porque le preocupa más proteger la propiedad privada que salvar vidas. A ello se suma la decisión del aboganster Abelardo de la Espriella de permitir únicamente la ayuda de países afines a sus intereses y obstaculizar la cooperación de países como México. Al mismo tiempo, en medio de la tragedia, su gobierno bombardea comunidades del Catatumbo, profundiza sus relaciones con los genocidas sionistas y autoriza de manera más abierta la presencia de tropas estadounidenses en el territorio nacional —algo que siempre ha existido— con el pretexto de combatir el terrorismo. Todo ello deja en evidencia la verdadera naturaleza de quienes gobiernan para las clases dominantes.



