Mañana del día 5 de octubre, zona rural
del municipio de Tumaco, frontera con Ecuador; se entabla una discusión
entre policías antinarcóticos que están allí para erradicar por la
fuerza los cultivos de coca y un grupo de líderes campesinos que
representan a más de 1000 campesinos que se encuentran concentrados
desde el 29 de septiembre manifestándose en oposición a la erradicación
forzada de sus cultivos y que reclaman por el incumplimiento del
gobierno frente a las alternativas económicas que éste había prometido
que daría hace meses, para que los campesinos sustituyeran
voluntariamente los cultivos de coca y amapola.
De repente un oficial de la policía
antinarcóticos hace un gesto con su brazo e inmediatamente se oye el
traqueteo y el zumbido de las ráfagas de fusil. Los campesinos corren
como pueden en todas direcciones por el pantanoso bosque, pero algunos
de ellos son alcanzados por las balas asesinas: hay varios muertos y
muchos heridos. En medio de la balacera, otros campesinos tratan de
socorrer a los que han caído heridos. Reina la confusión, una mezcla de
rabia y tristeza se apodera de aquellas gentes trabajadoras.
Horas más tarde el balance de la
comunidad es trágico: 6 campesinos han sido asesinados, 20 se encuentran
heridos, algunos desaparecidos. Todas las versiones de los campesinos
concuerdan: la policía antinarcóticos disparó contra los campesinos
desarmados.
Un campesino dice: “Ellos nos comenzaron a
disparar sin ningún motivo, sin ninguna razón. Los policías nos
dispararon a nosotros, los campesinos, a los mediadores, a los que
estábamos bregando a mediar para que viéramos a ver como organizábamos
lo de la erradicación. Nosotros queríamos que nos dieran siquiera ocho
días para ir a Tumaco, a ver cómo organizábamos”.
Esta versión contrasta con la que,
también horas más tarde, entregan las fuerzas armadas y el gobierno.
Estos acusan de la masacre a una disidencia de las Farc que, según
ellos, lanzó “al menos cinco cilindros bomba contra los integrantes de
la Fuerza Pública y contra la multitud, que se encontraba en el lugar, y
luego atacaron con fuego indiscriminado de fusiles y ametralladoras a
los manifestantes y a las autoridades”. Al día siguiente de la masacre
el presidente Santos asegura que “nuestra Fuerza Pública no dispara
contra civiles”.
Tarde del domingo 8 de octubre. Una
comisión de verificación (gobernación de Nariño, organizaciones de
derechos humanos, ONU, OEA y periodistas) acuerda con policías en la
zona su ingreso al lugar de la masacre, pero cuando se acercan al sitio
son recibidos por el ESMAD con una granada de aturdimiento; el grupo
grita “no disparen, somos civiles” y la respuesta ahora son disparos de
arma de fuego, por lo que el grupo atemorizado es obligado a salir
corriendo cuesta abajo. La guardia indígena llega en ayuda del grupo
para guiarlos en su salida de la selva. Los campesinos que esperaban
afuera solo decían: “Si eso les hacen a ustedes, imagínense a nosotros”.
Las evidencias demuestran que la versión
real proviene de los campesinos: la Defensoría del Pueblo ha recogido
testimonios de los pobladores que estuvieron presentes y todos aseguran
que “fueron atacados con arma de fuego por la Policía antinarcóticos y
que no hubo intervención de grupos armados ilegales (disidencias de las
Farc) ni tampoco se registró el lanzamiento o activación de cilindros
bomba o los denominados ‘tatucos’, contrario a lo informado por las
autoridades”.
Además, Medicina Legal confirmó que los
campesinos fueron asesinados con disparos de fusil; en el terreno no hay
rastros de explosiones y ningún campesino tiene esquirlas en el cuerpo.
Asimismo, es inconsistente plantear que era un ataque contra la policía
pues no hubo ningún herido de parte de esta.
Como si fuera poco, los campesinos
aseguran que las fuerzas armadas están borrando las pruebas: talan los
árboles en que impactaron balas, tapan los rastros de sangre, etc.
Los campesinos, con profundo dolor en el
alma, lloran y entierran a sus muertos, curan a sus heridos, pero su
lucha continúa, porque en aquellos pueblos de inmensa pobreza (84% en
Tumaco), para muchos campesinos, no hay otra alternativa hoy para
sobrevivir que cultivar o raspar coca, y el gobierno, aunque sigue
prometiendo alternativas económicas al campesino, lo único que lleva a
estas zonas es represión y genocidio.
Las causas de la lucha de los campesinos cocaleros
Este último capítulo de la ya larga
batalla entre los campesinos cocaleros y las fuerzas armadas del
gobierno viene desde hace algunos meses cuando los campesinos decidieron
concentrarse y salir a protestar. Meses antes, en un enfrentamiento
entre campesinos y fuerza pública murió un agente del ESMAD, en otro la
comunidad retuvo y desarmó a varios policías antinarcóticos, en otros la
policía ya había matado campesinos. El abandono y la represión del
gobierno contra los campesinos cocaleros no es un caso aislado, es
política de Estado; la rebelión del pueblo se justifica.
La causa inmediata de las últimas confrontaciones ha sido el intento del gobierno de erradicar por la fuerza los cultivos de coca, incumpliendo los compromisos que había adquirido de dar alternativas económicas a los campesinos para que sustituyeran estos cultivos. Estos compromisos hacían parte del acuerdo de paz con las Farc, pero como lo han mostrado los hechos, este acuerdo se redujo a desarmar la guerrilla y abrir la puerta de entrada de los altos mandos guerrilleros a la politiquería, a la repartija de puestos burocráticos para la cúpula guerrillera y a amnistiar a los promotores del paramilitarismo y del genocidio de las fuerzas armadas. A los mandos medios y combatientes de la guerrilla les dieron unas migajas para engañarlos con el proceso, pero una vez entregaron sus armas, ni esas engañosas migajas les están cumpliendo.
La causa inmediata de las últimas confrontaciones ha sido el intento del gobierno de erradicar por la fuerza los cultivos de coca, incumpliendo los compromisos que había adquirido de dar alternativas económicas a los campesinos para que sustituyeran estos cultivos. Estos compromisos hacían parte del acuerdo de paz con las Farc, pero como lo han mostrado los hechos, este acuerdo se redujo a desarmar la guerrilla y abrir la puerta de entrada de los altos mandos guerrilleros a la politiquería, a la repartija de puestos burocráticos para la cúpula guerrillera y a amnistiar a los promotores del paramilitarismo y del genocidio de las fuerzas armadas. A los mandos medios y combatientes de la guerrilla les dieron unas migajas para engañarlos con el proceso, pero una vez entregaron sus armas, ni esas engañosas migajas les están cumpliendo.
Pero este conflicto tiene otras causas
más de fondo: en primer lugar, buena parte del campesinado colombiano se
ve obligado a cultivar la coca o a jornaliar como raspachín (cosechador
de hoja de coca), pues en estas regiones los demás cultivos son o muy
poco rentables o hasta económicamente inviables debido a la baja
fertilidad de la tierra, la precariedad de las vías de comunicación para
comercializar los productos, el dominio de gamonales armados que
imponen su ley, etc. El campesinado está concentrado en esas zonas
porque los terratenientes son dueños de las mejores tierras en el país.
Así, el problema de la coca es expresión del problema fundamental de la
sociedad colombiana, del problema de la tierra: mientras millones de
campesinos carecen de tierra o se ven marginados a minifundios en estas
regiones montañosas apartadas, una minoría de terratenientes posee las
tierras más fértiles, planas y cercanas a las ciudades.
En segundo lugar, los gringos han
ordenado al gobierno colombiano llevar a cabo a como dé lugar la
erradicación forzada de cultivos ilícitos, bajo amenaza de
“descertificar” al país, de recortar las “ayudas” para las fuerzas
armadas colombianas. Los gringos mandan y los gobernantes del país
obedecen por encima de la vida del pueblo colombiano. Esto es así
porque, a pesar de que el pueblo hace más de dos siglos luchó y nuestra
nación conquistó la independencia de España, muy pronto se vio sometida
al dominio de los ingleses y en el siglo XX al de los gringos,
convirtiéndose en una semicolonia, esto es, un país formalmente
independiente (con Estado propio) pero sometido al dominio económico,
político y militar del imperialismo, principalmente yanqui.
Mientras los campesinos carezcan de
tierra para trabajar, mientras el país siga sometido a la dominación del
imperialismo (y sus perjudiciales políticas como son: TLCs, Plan
Colombia, impulso del paramilitarismo, etc.), el campo seguirá en el
atraso y la pobreza, los campesinos en estas regiones seguirán obligados
por la necesidad a sembrar y raspar cultivos de coca.
¿Qué camino tomar?
Como la evidencia se hizo inocultable y
la presión de la opinión pública crecía, el gobierno no pudo seguir
atribuyendo la masacre de campesinos a grupos armados al margen de la
ley; destituyó a unos cuantos policías y retiró más de 100 de ellos de
la zona para calmar la opinión pública y la ira creciente del
campesinado.
Pero las causas del problema
-anteriormente mencionadas- son profundas y no pueden ser solucionadas
por un Estado que acata obediente el mandato del imperialismo y que
defiende los intereses de los terratenientes. El gobierno de turno,
cualquiera que sea, continuará la destrucción de los cultivos de coca
sin dar ninguna alternativa a los campesinos, seguirá persiguiendo y
asesinando a los cocaleros acusándolos de traficantes, terroristas, etc.
El juicio a uno u otro agente de policía no solucionará el problema; el
gobierno acude a esto para limpiar su imagen y negar su responsabilidad
tanto en el mantenimiento del problema como e la masacre campesina.
El gobierno de Santos y los falsos
líderes del pueblo siguen tratando de adormecer al pueblo con sus
discursos de paz, pero una vez más se confirma que la paz de los de
arriba es la guerra contra los de abajo y que una verdadera paz solo se
construirá desde abajo con organización, lucha y poder popular.
Con esta masacre el gobierno pretende
atemorizar a los campesinos para que desistan de su lucha. Los
movimientos revolucionarios de obreros y campesinos, de los
intelectuales del pueblo, decimos a nuestros hermanos campesinos de
Tumaco que su dolor es nuestro dolor, y su ejemplar lucha combativa es
nuestra lucha y la apoyamos con firmeza.
Que todos los campesinos sin tierra o con
poca se unan para defender por la fuerza sus derechos y tomar lo que
les pertenece: todas las tierras de los terratenientes.
¡Frente a la masacre de los campesinos, organizar la rebelión contra los asesinos!
¡Tomar todas las tierras del latifundio! ¡Tierra para quien la trabaja!
¡La paz de los ricos es guerra contra el puebl
No comments:
Post a Comment