Monday, October 5, 2026

Colombia - por una comprensión marxista de los recicladores y sus luchas organizativas en Rionegro (Antioquia)

La gente más limpia del mundo: hacia una comprensión marxista de los recicladores y sus luchas organizativas en Rionegro (Antioquia) 1

El Camarada Orage nos envía un análisis que realizó desde el marxismo sobre los recicladores de oficio, aquellos que viven de meter sus manos entre la basura para poder seleccionarla, separarla y venderla a precios irrisorios y así sobrevivir junto con sus familias. El compañero realizó entrevistas, estuvo hombro a hombro con algunos de ellos y logró extraer valiosos testimonios de estas mujeres y hombres que por medio de su trabajo y su lucha han logrado llevar el sustento, con dignidad, a sus hogares.

También, es un llamado de atención a las fuerzas revolucionarias para investigar a profundidad las condiciones materiales en que vive esta parte de la sociedad y establecer lazos profundos de unidad que permitan elevar su nivel de organización y de lucha contra el capital que los explota y oprime.

Los dejamos con este importante texto y los invitamos a que lo compartan y comenten, así como a que nos envíen sus escritos, denuncias y análisis a contacto@revolucionobrera.com que sirvan para elevar la consciencia de clase del proletariado en Colombia.

Revolución Obrera

La gente más limpia del mundo: hacia una comprensión marxista de los recicladores y sus luchas organizativas en Rionegro (Antioquia)

Yo pasé por la escuela y en ella adquirí las costumbres estudiantiles; entonces consideraba indigno realizar hasta el más insignificante trabajo físico, tal como cargar con mi propio equipaje (…). En aquel tiempo me parecía que en el mundo sólo los intelectuales eran personas limpias, mientras que, comparados con ellos, los obreros y los campesinos siempre estaban sucios. Podía ponerme la ropa de otro intelectual, creyéndola limpia, pero no me hubiera puesto la de un obrero o un campesino, pues la consideraba sucia. Después de incorporarme a la revolución y de vivir con los obreros, campesinos y soldados del ejército revolucionario, poco a poco me fui familiarizando con ellos, y ellos conmigo. Fue entonces, y sólo entonces, cuando cambié radicalmente los sentimientos burgueses y pequeñoburgueses que las escuelas burguesas me habían inculcado. Fue entonces cuando, al comparar con los obreros y los campesinos a los intelectuales que no se habían reeducado, encontré que éstos no eran limpios y que, después de todo, los más limpios eran los obreros y campesinos, quienes, aun con sus manos negras y sus pies sucios de boñiga, eran más limpios que los intelectuales burgueses y pequeñoburgueses.

Mao Tse-tung, INTERVENCIONES EN EL FORO DE YENAN SOBRE ARTE Y LITERATURA, p. 72, mayo de 1942.

Una tarde veraniega, en una vereda oculta de Marinilla, Antioquia, me fue dado uno de esos grandes momentos embrionarios de la consciencia de clase, por mi abuelo, un obrero de toda la vida, sin siquiera la primaria, que fue desde taxista hasta agricultor asalariado… «Estudie, mijo, para que le toque una oficina con aire acondicionado, y no estar trabajando de sol a sol con los que no estudiamos». Asícomo lo indica Mao —que estamos condicionados para pensar que el trabajo manual es indigno, fruto de su autor aún más indigno— lo vivió mi abuelo, un hombre sin apenas idea de estas luchas y, así, toda la vida me fui pensando que lo ideal era ser un académico, de camisa blanca impoluta, en una oficina llevando a cabo papeleo que tan solo puede interpretar el mundo, a lo sumo, cuando el objetivo es cambiarlo; eso hasta hoy, que he descubierto la farsa a la que somos todos sometidos y, por consecuente, las batallas de aquellos que ensuciándose limpian el mundo y a sí mismos, como el verdadero espíritu de la pulcritud. Sus vidas y las batallas que estas contienen nos rodean, están por todas partes, para verlos solo hace falta contemplar las calles, contemplarlos rescatando plásticos, metales, cartones, toda clase de mercancías (porque son mercancías en el sentido estrictamente marxista) de las dunas de basura que poblan el paisaje urbano; a pesar de ser casi ubicuos, los burgueses no desean que los veamos, que desarrollemos solidaridad con ellos, y los han silenciado. Por eso escribo hoy este artículo, para que sus voces retumben a través de las ciudades, para que aprendamos de sus luchas las lecciones necesarias que nos permitirán traer la revolución, solución única para las necesidades del pueblo y hasta del planeta, basándome en tres entrevistas realizadas en la cooperativa de recicladores Planeta Verde. Antes de entrar de lleno, un breve análisis sobre el rol que juegan los recicladores (y recicladoras) en la cadena de producción del capitalismo global.

El rol del reciclador bajo el capitalismo

Para entender la emergencia de los recicladores como, primero, consecuencia del sistema totalizante del capitalismo y, segundo, como parte de las masas trabajadoras, es necesario retomar dos conceptos esenciales: el del ejército industrial de reserva y la sobreproducción.

Sobre el ejército industrial de reserva Marx nos indica lo siguiente en el Primer Volumen, capítulo 23, sección 3, de El Capital, que este se constituye de una masa destituida que actúa como

(…) un ejército industrial de reserva a disposición del capital, que le pertenece a éste tan absolutamente como si lo hubiera criado a sus expensas. Esa sobrepoblación crea, para las variables necesidades de valorización del capital, el material humano explotable y siempre disponible, independientemente de los límites del aumento real experimentado por la población.

Además de esto, nota que

El trabajo excesivo de la parte ocupada de la clase obrera engruesa las filas de su reserva, y, a la inversa, la presión redoblada que esta última, con su competencia, ejerce sobre el sector ocupado de la clase obrera, obliga a éste a trabajar excesivamente y a someterse a los dictados del capital. La condena de una parte de la clase obrera al ocio forzoso mediante el exceso de trabajo impuesto a la otra parte, y viceversa, se convierte en medio de enriquecimiento del capitalista singular y, a la vez, acelera la producción del ejército industrial de reserva en una escala acorde con el progreso de la acumulación social.

Con estas caracterizaciones quiere decir que se mantiene siempre, como una especie de presión suave, un nivel de desempleo suficiente, sobre el precio de producción del trabajo (a fin de bajarlo, incitando a la aceptación de condiciones más miserables con el desempleo y la miseria como amenaza implícita). Esto se traduce en una masa de desempleados. Sin embargo, ¿qué sucede con aquellos que por un motivo u otro (falta de cualificaciones educativas para el trabajo en una fábrica, gente de las marginalidades urbanas, lumpen, etc.) no logran salir de este ejército de reserva industrial? Ciertamente no se permiten morirse de hambre —más en el país del rebusque, donde el 55 % de la población productiva trabaja de manera informal[1]—.

Acerca de la sobreproducción, Marx nos señala que:

(…) desde el punto de vista de toda la sociedad: debe llevarse a cabo una sobreproducción

constante, es decir, una producción en escala mayor que la necesaria para la simple reposición y reproducción de la riqueza existente —dejando enteramente a un lado el aumento de la

población—, a fin de poder disponer de los medios de producción para compensar el daño extraordinario que ocasionan los sucesos imprevistos y las fuerzas de la naturaleza.

Entonces, por un lado tenemos una masa desempleada —hecho que en este caso se traduce como sin acceso al trabajo formal—, que se mantiene como reserva a fin de tratar de controlar el precio del trabajo al tener siempre material humano para la explotación; por otro lado poseemos una sociedad que debe estar sobreproduciendo constantemente solo para asegurar que esta no se empobrece. ¿Y los recicladores?; ¿ellos qué tienen que ver con esto?, es sencillo: son, por lo general, elementos que han salido del ejército de reserva industrial buscando un sustento, una manutención mínima. ¿Y cómo se ganan este sustento mínimo?, mediante la consolidación y (re)venta de los restos materiales, físicos, de la necesaria sobreproducción de la sociedad capitalista que habitan —estos materiales también se encuentran sometidos a la lógica de la ganancia, de la competencia[2]—. Dicho sin tapujos: buscan en la basura de la sociedad el material todavía aprovechable para reintroducirlo a la economía como materia prima, por lo general para darle un uso industrial. El capitalismo, por su propia ineficiencia, los crea, en tanto los necesita, para tratar de reducir los costos de la materia prima al introducir un ingreso constante de materia reciclada, más barata que materia prima «fresca». A lo largo de la historia, este fenómeno ha tomado distintas encarnaciones: ya durante mis entrevistas, Martha Elena Iglesias, lideresa de la cooperativa Planeta Verde, me remitía a cómo habían contado con recicladores de 80 años, que habían comenzado reciclando huesos por allá en los años cuarenta. Nos queda claro, pues, que la existencia de estos trabajadores no es un asunto reciente.

Cabe destacar que los recicladores, en la forma en que los conocemos los colombianos, son un fenómeno sobre todo de los países oprimidos por el imperialismo; en los países industrializados e imperialistas, los recicladores son, si cabe el término, más propiamente proletarios, puesto que mediante tecnología, en ambientes industriales, transforman la materia prima en insumos para la industria de sus respectivos países imperialistas.

Las luchas nacionales e internacionales de los recicladores

Planeta Verde es apenas un rincón de mundo, oculto tras el matadero municipal, en la vía nueva, que conecta Marinilla con Rionegro. Hace muchos lustros, por allí pasara el tranvía. Allí, a la sombra de los árboles; allí, donde llegan los quejidos de los cerdos, han llegado, asimismo, los ojos de las Naciones Unidas. Y es que son certeros: los recicladores, como gremio, son uno de los más organizados, y su desarrollo en Colombia es algo de lo que todos podemos aprender: «Nosotros acompañamos la organización de recicladores en Marmolejo, en Quibdó, Chocó. Y nosotros somos luchando para que no los saquen del relleno», me remite Martha Elena, recordando cómo ha sido la lucha para evitar que desplacen del relleno sanitario a algunos de sus compañeros recicladores, casi que en la otra punta del país, exponiendo a sobremanera una solidaridad increíble entre su gremio, no solo a nivel nacional sino también internacional. Es una lucha que lleva desarrollándose aproximadamente desde los años 90, con el cierre de los rellenos sanitarios —esto a fin de evitar que los recicladores accedieran a estos espacios a buscar su manutención, bajo un velo de institucionalidad, moralidad y dignidad humanitarias de la burguesía, para un ejemplo véase el decreto 605 de 1996—. Otro punto de inflexión que impulsó la organización de los trabajadores del reciclaje se dio en Barranquilla, en la Universidad Libre, donde 10 recicladores fueron atraídos a las premisas de la universidad bajo la promesa de que recibirían material para reciclar, tan solo para ser convertidos en ganado: asesinados y sus órganos traficados[3]. A ese punto, dejó de ser una lucha por el trabajo, solamente, sino una lucha por la dignidad, por la vida misma, dando muchísima fuerza las filas de la Asociación Nacional de Recicladores, a su vez integrada en la Red Latinoamericana y del Caribe de Recicladores y esta en la Alianza Internacional de Recicladores —en su mayoría integrada por organizaciones de los países oprimidos por el imperialismo—. Esto ha resultado en una capacidad organizativa que ha logrado arrancar concesiones importantes al gobierno y a la burguesía, a modo de 14 pronunciamientos constitucionales, capacidad organizativa que por un lado, no ha renunciado nunca a la lucha legal, económica, como a la lucha por su dignidad inmediata, a la que han unido, también, la capacidad de la lucha directa y toda clase de protestas: marchas, mingas, asambleas permanentes, ocupaciones de rellenos sanitarios, tomas en distintas instalaciones gubernamentales. Uno de sus momentos más célebres fue cuando, el 24 de junio de 2025, llenaron la plaza de Bolívar en Bogotá con 12 toneladas de botellas plásticas, protestando por el bajo precio de las mismas. Son una poderosa semilla de consciencia y lucha de clases, que ya desarrolla por sí misma una importantísima lucha reinvidicativa, que no ha cejado a pesar de las dificultades (que discutiremos en breve), y por tanto encarna perfectamente el espíritu combativo al que llama Marx en Precio, salario y ganancia:

Estas pocas indicaciones bastarán para poner de relieve que el propio desarrollo de la moderna industria contribuye por fuerza a inclinar la balanza cada vez más en favor del capitalista y en contra del obrero, y que, como consecuencia de esto, la tendencia general de la producción capitalista no es a elevar el nivel medio de los salarios, sino, por el contrario, a hacerlo bajar, o sea, a empujar más o menos el valor del trabajo a su límite mínimo. Siendo tal la tendencia de las cosas en este sistema, ¿quiere esto decir que la clase obrera deba renunciar a defenderse contra las usurpaciones del capital y cejar en sus esfuerzos para aprovechar todas las posibilidades que se le ofrezcan para mejorar temporalmente su situación? Si lo hiciese, veríase degradada en una masa uniforme de hombres desgraciados y quebrantados, sin salvación posible. Creo haber demostrado que las luchas de la clase obrera por el nivel de los salarios son episodios inseparables de todo el sistema del trabajo asalariado, que en el 99 por 100 de los casos sus esfuerzos por elevar los salarios no son más que esfuerzos dirigidos a mantener en pie el valor dado del trabajo, y que la necesidad de forcejar con el capitalista acerca de su precio va unida a la situación del obrero, que le obliga a venderse a sí mismo como una mercancía. Si en sus conflictos diarios con el capital cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para emprender movimientos de mayor envergadura.

Sobre su estructura cooperativa y su interacción con el mercado

La cooperativa pertenece a todos, me indican varios de los recicladores allí presentes; Martha Elena me remite una anécdota de uno de los recicladores, su escenario es el siguiente: alguien había venido a comprar material reciclado, con un objetivo que solo podemos imaginarnos; al llegar, sugirió el siguiente trato: pagaría un precio menor por el material, pero la mitad iría al bolsillo personal del reciclador en cuestión, y no a la empresa. El reciclador, contra todo pronóstico, se niega. Furioso, el malversador lo ataca: ¿Es que acaso esto es suyo o qué? A lo que el reciclador contesta: Sí, esto es mío. El malversador es desterrado de la cooperativa.

La estructura cooperativa, en la que los trabajadores son dueños de la empresa de forma colectiva, es una escuela excelente para su eventual recuperación de los medios de producción que diariamente operan, puesto que los coloca en una posición, dentro de lo posible, más democrática, donde las manos que empuñan el cuchillo, la hoz o el martillo son también las que votan sobre la producción, los salarios, la distribución, etcétera. La estructura cooperativa, sin embargo, alcanza sus límites rápidamente: la cooperativa sigue estando incrustada en una sociedad donde la competencia es el pan de cada día, y sigue sometida a las presiones económicas del sistema capitalista, por lo tanto, puede actuar como una escuela política, pero no es una solución por sí misma, más si falta la correcta orientación ideológica.Esto es observable en el hecho de que Planeta Verde sigue sometida a la competencia con cinco empresas locales, todas alimentadas por la burguesía, algunas por su rama burocrática, que recurren a las tácticas más sucias, como tomar el material de reciclaje al tratarlo cual basura. Este hecho no puede ser subsanado con más cooperativas, sino que requiere la destrucción completa del sistema capitalista, que se sustenta en el total derroche que es la competencia entre empresas.

La competidora más importante de Planeta Verde es Ciclo Total, iniciada hacia el 2011 en Medellín, rápidamente expandiendo sus operaciones a Marinilla y al resto del Oriente Antioqueño. Acorraló el mercado del reciclaje de tal manera que empezó a desplazar a los recicladores, conflagrando un conflicto con los mismos que llegó hasta la OIT, la Organización Internacional del Trabajo, órgano de las Naciones Unidas, para denunciar este hecho y darle visibilidad. Esto resultó en una demanda por parte del ahora gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, por lo que Planeta Verde puede ser forzada a desalojar sus premisas en cualquier momento.

Charlas con recicladores de a pie

Durante mi visita a Planeta Verde pude también conversar con los recicladores de base, adueñados de su trabajo a través del modelo cooperativo. Aquí remitiré un breve análisis de las entrevistas, así como fragmentos interesantes o contundentes de las mismas.

El primer reciclador que entrevisté era un oriundo del Oriente Antioqueño, particularmente de El Carmen de Viboral. Había ejercido como trabajador rural y mayordomo durante toda su vida, pero, ante la violencia, se vio forzado a desplazarse. El 12 de julio de 2004 se sumó a Planeta Verde, desde entonces pertenece al gremio con orgullo. Gracias al mismo él se pudo formar, así como su esposa e hijos —tal es el poder del pueblo organizado, que es el único capaz de saciar sus necesidades—. Una anécdota particular que remite es que una vez una señora, presumiblemente parte del pueblo trabajador también, lo invitó a un café amistoso, con la condición de que en una próxima ocasión, él sería quien invitaría. Aquel día llegó, así como la promesa cumplida. «¿Se acuerda que ayer yo pagué con un billete de $10.000?», pregunta nuestra señora, «Sí señora», contesta el reciclador, «Ahora usté’ pagó con un billete de $10.000 y vale lo mismo, el trabajo es el mismo», contesta. Parece que nuestra señora era una maoísta empeñada en cerrar la brecha entre el trabajo manual e intelectual una lección de vida a la vez. Considera que el reciclaje es un conocimiento hermoso y noble. Le pregunto por si ha participado en alguna acción directa, a lo que me contesta que Para hacer política nunca, pero que por los derechos sí ha estado firme, ocupando en una ocasión hasta la Alcaldía, bloqueando vías con apoyo de los taxistas, y arrancando concesiones al alcalde de Rionegro —que había permitido la penetración de la competencia en el mercado del reciclaje de Planeta Verde—. Finalizamos nuestra conversación hablando de cómo la reinvención en su trabajo es constante, que siempre aprende algo nuevo y que se enorgullece de su trabajo, ¡una forma embrionaria del mundo que nos espera si podemos devolverle los medios de producción a los obreros!

La segunda recicladora, 25 años en Planeta Verde, nos cuenta una vida distinta, pero no por ello menos dura: tras perder a su primogénita en una cirugía fallida, se decidió a tener otro hijo, lo que la obligó a dejar su trabajo como trabajadora de aseo doméstica y dedicarse de lleno al reciclaje (con un ingreso de $30.000 pesos semanales). Vendían su reciclaje en Servimos, donde una vez les robaron el material, momento en el que se sumó a Planeta Verde. Comenzó a reciclar en bicicleta, a los 25 años, por necesidad, pero ahora lo hace por amor. Un elemento común con el anterior reciclador es el desprecio, el odio que llegaron a recibir por parte de los otros sectores de las masas trabajadoras, que los consideraban sucios, indignos, niños de la calle. «En eso he sido muy delicada, cualquier cosita me afecta», me dice, dejando patente la necesidad de combatir las ideas reaccionarias en las masas, así como han hecho los recicladores en lo que refiere a su discriminación durante estos cuarenta años. Me remite a aquellas épocas en las que iba a reciclar, volvía a vender el material, para entonces volver a salir, apenas dándole para supervisar a su hijo y regresar al ruedo. Fue con el reciclaje que pudo darle estudio a su hijo. Esta conversación cierra con el odio contra las competencias —los burgueses y sus empresas privadas—, «No respetan que uno vive de eso, a ellos no les importa sino lo de ellos, el bolsillo de ellos».

Otro personaje de mis conversaciones fue la gestora cultural y bibliotecaria de Planeta Verde, hija de recicladores, que gracias a los mismos pudo obtener su educación y, en un acto de la máxima coherencia, vive y lucha entre aquellos como sus padres, entre su familia, porque el trabajador no conoce patria ni tribu.

Conclusiones

Las cosas son como son por lo que fueron o dejaron de ser, en el pasado encontramos la razón de ser del presente (bien sea negándolo o continuándolo), y en el presente forjamos la razón de ser del futuro. Tal es la lucha de todas las cosas, tal es la lucha de la Cooperativa Planeta Verde, que aun a sabiendas del precio que pende sobre su cabeza, sigue proveyendo estabilidad laboral a los recicladores.

Camaradas, quiero llamarlos a que, cuando llegue el día, unamos fuerzas con los recicladores de Planeta Verde y echemos a los burgueses de sus tierras, de que mantengamos su lucha viva y su legado a salvo.

¡Atreverse a luchar y a conquistar la victoria! ¡los monstruos de toda especie serán liquidados!

Camarada Orage

Referencias

Beristain, Urrutia J. (marzo 1, 2023). 1 de Marzo, día establecido para recordar una tragedia ocurrida en Colombia: en 1992, diez recicladores fueron asesinados en una universidad.

https://mundukide.org/es/noticias/recicladoras

DANE. (10 de julio de 2026). Ocupación informal Trimestre móvil marzo – mayo 2026.

https://www.dane.gov.co/files/operaciones/GEIH/bol-GEIHEISS-mar-may2026.pdf


[1]. DANE. Ocupación informal Trimestre móvil marzo – mayo 2026.

[2]. «Nosotros de las grandes industrias no recibimos nada: Precios paupérrimos, que es a lo que vendemos el material, porque es que los precios, todos son deprimidos» – Martha Elena Iglesias sobre la interacción de los recicladores con las grandes industrias. Esto expone el funcionamiento de la industria: En miras de bajar el coste de producción (y subir la ganancia a una tasa competitiva), se adquieren las materias primas recicladas a precio de huevo. Los recicladores sufren un tipo de explotación particular, al estar ni siquiera tercerizados, sino despojados, sus ingresos de subsistencia dependen enteramente de lo que desee pagar el mercado por su material.

[3]. A raíz de este incidente es que se establece el día mundial del reciclador: Primero de marzo. La referencia es de Beristain, 2023.

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