Sunday, August 16, 2026

La olla comunitaria es solidaridad popular frente a la tragedia - revolucion obrera colombia


La olla comunitaria es solidaridad popular frente a la tragedia 1

La olla, símbolo de juntanza y solidaridad que tuvo su máxima expresión durante el levantamiento popular y que fue proscrita por los enemigos del pueblo, reaparece hoy en medio de la tragedia que vive el país tras el terremoto del 10 de agosto.

Más que la olla en sí misma, es la comunidad, la juventud y quienes conservan una profunda sensibilidad humana los que se han unido nuevamente para brindar una de las expresiones más bellas que existen ¡la solidaridad!, una práctica que florece especialmente entre las clases trabajadoras.

En los lugares golpeados por la tragedia —Cali, Pereira, Manizales y Chocó— las comunidades se han movilizado para brindar apoyo. Primero acudieron con sus propias manos para remover escombros y rescatar a quienes quedaron atrapados; los expertos afirman que las primeras 72 horas son cruciales. Después llegó la olla. Los rescatistas necesitan comida y agua, y la olla, junto con todas las personas que se reúnen alrededor de ella, demuestra cómo las masas aprendieron que solo el pueblo salva al pueblo. Lo más peligroso de las ollas, tanto durante el levantamiento popular como ahora, es que unen voluntades, y eso es precisamente lo que más temen los poderosos.

Y hablando de los poderosos, políticos, periodistas, influencers, artistas y demás representantes de las clases explotadoras volvieron a demostrar su mezquindad. Desde el trino de la tal Jerome, burlándose del terremoto, hasta la entrevista de Néstor Morales en Blu Radio a los Topos de México, cuestionando su solidaridad por trámites burocráticos, pasando por las medidas absurdas adoptadas por gobernantes como el alcalde de Cali, Alejandro Eder, quien decretó el toque de queda porque le preocupa más proteger la propiedad privada que salvar vidas. A ello se suma la decisión del aboganster Abelardo de la Espriella de permitir únicamente la ayuda de países afines a sus intereses y obstaculizar la cooperación de países como México. Al mismo tiempo, en medio de la tragedia, su gobierno bombardea comunidades del Catatumbo, profundiza sus relaciones con los genocidas sionistas y autoriza de manera más abierta la presencia de tropas estadounidenses en el territorio nacional —algo que siempre ha existido— con el pretexto de combatir el terrorismo. Todo ello deja en evidencia la verdadera naturaleza de quienes gobiernan para las clases dominantes.

Los de arriba no tienen humanidad; solo les interesa la ganancia. Por eso el pueblo no solo no debe confiar en las clases explotadoras, en el Estado que las representa y en los politiqueros que están a su servicio, sino que debe comprender que es necesario apartarlos del camino. No pueden seguir dirigiendo la sociedad quienes no tienen el menor interés en el bienestar de quienes producen la riqueza. Deben ser derrotados por el pueblo organizado mediante la revolución, con el objetivo de instaurar un verdadero Estado y un gobierno de los de abajo, de quienes sí se preocupan por el prójimo.

Pero mientras nos preparamos para esas batallas, en medio de esta tragedia es urgente que los comités de solidaridad y las asambleas populares supervisen que las instituciones del Estado, encargadas de recoger y distribuir la ayuda para los damnificados, cumplan efectivamente con esa tarea. Parte de la ruindad de los gobernantes consiste en aprovechar estas situaciones para robar. La declaración de emergencia económica otorga amplias facultades al presidente, a sus ministros y a funcionarios corruptos, lo que puede facilitar nuevos saqueos al erario. Es necesario organizar veedurías populares y presentar derechos de petición ante la UNGRD para que entregue información completa sobre cómo está distribuyendo la ayuda y cuáles serán los mecanismos de atención y reconstrucción en adelante. Debemos exigir vivienda digna para todas las personas que se quedaron sin techo y ayuda económica para quienes la necesiten.

Ahora es el momento de materializar la consigna: ¡Ni el Estado, ni los politiqueros! ¡Solo el pueblo salva al pueblo! Y, ojalá más pronto que nunca, hacer realidad la de ¡Abajo el podrido Estado burgués! ¡Viva el futuro Estado de obreros y campesinos!

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