Saturday, August 22, 2026

La Solidaridad del pueblo vs las limosnas de los ricos - Colombia

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La Solidaridad del pueblo vs las limosnas de los ricos 1

La sociedad colombiana se ha manifestado frente al terremoto ocurrido el 10 de agosto. Ante la magnitud de la tragedia, cuyas cifras recientes hablan de 15 departamentos afectados, 120 671 familias perjudicadas, 287 personas muertas, 4 147 heridas y 194 desaparecidas, es imposible permanecer indiferentes.

Pero no es igual la forma en que actúan las distintas clases sociales que componen este país.

Desde el primer día de la tragedia, el pueblo ha dado ejemplo de entrega y solidaridad absoluta. Lastimosamente, no se cuenta con una cifra exacta de la ayuda humanitaria que se ha entregado, pero, según los informes de algunos de los lugares afectados, la cantidad de alimentos recibidos ha sido tal que incluso se ha tenido que invitar a realizar aportes de otro tipo. Se sabe, por ejemplo, que en tiempo récord, apenas dos días, se enviaron 23 camiones de ayuda desde Cali hacia Buenaventura.

A esto se suma la solidaridad directa como levantar escombros, auxiliar a los heridos, ayudar a quienes quedaron en la calle porque sus viviendas colapsaron o resultaron gravemente afectadas. A través de las redes sociales se han conocido diferentes puntos de acopio, así como la presencia de voluntarios en los lugares establecidos por las instituciones del Estado. También hay grupos organizados para recolectar alimentos para mascotas, psicólogos que trabajan en la recuperación de recuerdos y profesionales de la salud que se desplazaron hacia hospitales gravemente afectados, como el Hospital Universitario del Valle.

Tiempo, donaciones en especie y fuerza de trabajo para cocinar, repartir, clasificar, demoler, transportar, trasladar escombros y realizar innumerables tareas… en fin, ha sido mucha la solidaridad el pueblo. Por su magnitud, es necesario conocer con exactitud el volumen de esta ayuda y encontrar la forma de centralizar un inventario de todo lo aportado. Es importante que las distintas organizaciones sociales presenten informes y que se realice un consolidado de la ayuda brindada. Pero, mientras contamos con esos datos, sí podemos afirmar que la magnitud moral y política de la solidaridad del pueblo es inconmensurable, porque quienes han aportado lo hacen incluso desde lo poco que tienen, desde aquello que no les sobra. Por eso, todos estos gestos del pueblo se llaman solidaridad.

Ahora veamos el aporte de los ricos. Las cifras oficiales reportan que los empresarios han entregado algo más de medio billón de pesos. Algunas cifras discriminadas hablan de $150 000 millones de los Gilinski, $100 000 millones de Santo Domingo, $13 000 millones del Grupo Argos, $201 637 millones recaudados por la Andi, $100 000 millones de David Vélez, fundador de NuBank, $1 500 millones de Arturo Calle, $6 000 millones de Tecnoglass, $5 000 millones de Ecopetrol, $6 600 millones de la Fundación Bancolombia y $3 000 millones del Grupo Éxito, además de unos $51 900 millones anunciados por organismos como el BID y la CAF.

A esto se suma que Bavaria anunció la entrega de 250 000 unidades de agua y Postobón más de 86 000 litros de agua y bebidas.

En la prensa oficial, todo esto es presentado como solidaridad y se resalta la supuesta «generosidad» de los empresarios. Pero la realidad es que se trata de meras limosnas de quienes no tienen que hacer un sacrificio significativo para entregar estos donativos y aparecer ante la sociedad como grandes benefactores.

Veamos en cifras por qué se hace esta afirmación.

Ecopetrol, que va a aportar $5 000 millones, tiene ingresos diarios de $380 110 millones. Esto quiere decir que su aporte equivale aproximadamente al 1,3 % de un día de sus ventas, es decir, cerca de 19 minutos de operación.

La familia Santo Domingo, que entregó $100 000 millones, tiene ingresos diarios de $60 270 millones. Su aporte equivale aproximadamente al 1,6 % de sus ingresos diarios, es decir, unas 39 horas de sus ventas consolidadas.

El Grupo Argos, que aportó $13 000 millones, tiene ingresos diarios de $30 390 millones. Su donación equivale aproximadamente a 10 horas de ingresos.

Y, en realidad, ni siquiera son los burgueses quienes realizan estos aportes. En última instancia, las riquezas que acumulan son producto del trabajo y de la superexplotación de miles de trabajadores. Es decir, los capitalistas no están sacrificando sus condiciones de vida para entregar estas donaciones. Por el contrario, incluso mientras se presentan como benefactores, varios empresarios podrían terminar beneficiándose económicamente de la tragedia, al obtener contratos estatales para la reconstrucción de la infraestructura destruida o afectada por el terremoto.

Esta tragedia confirma que el pueblo no necesita de los parásitos capitalistas ni de su caridad. Al fin y al cabo, esa riqueza que ahora presentan como beneficencia es producto del trabajo de miles de obreros que entregan diariamente su fuerza de trabajo.

El pueblo ha demostrado ser capaz de responder ante la tragedia mediante su propia organización y solidaridad. Pensemos qué podría hacer el pueblo si fuera él quien dirigiera la sociedad; si aquello que se produce no quedara en manos de unos cuantos ricachones, sino que fuera distribuido en función de las necesidades de toda la sociedad. ¿Cuántas vidas más se podrían haber salvado? ¿En cuánto tiempo se podría haber atendido la emergencia? ¿Cuánto sufrimiento se habría evitado a las familias afectadas?

Pero mientras nos preparamos para llegar a ese momento, debemos continuar brindando toda la ayuda que se requiera y ejercer la veeduría sobre las instituciones del Estado para garantizar la reparación integral de todas las víctimas del terremoto y evitar que los recursos destinados a atender la tragedia incluidas las limosnas de los ricos, terminen en los bolsillos de los corruptos que hoy están en el gobierno de ADLE.

Debemos continuar llevando adelante la consigna: ¡SOLO EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO

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