
El 1° de Mayo, las calles de Colombia y de todo el mundo se tiñen nuevamente de rojo, pero no precisamente por ninguna bandera del ramillete que se ondea alrededor de la campaña electoral; el rojo de esta jornada internacionalista y revolucionaria rememora la sangre de los Mártires de Chicago; y junto a esa sangre obrera, se tiñe de rojo el Primero de Mayo en memoria de los miles de obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales, dirigentes de masas que han caído por haber osado levantar sus puños, parar la producción y declararle la guerra al sistema capitalista.
Por todo el planeta, en los cinco continentes, millones de hombres y mujeres salen a reafirmar una verdad histórica que no debemos dejar borrar, ni por las pretensiones de las clases dominantes, ni por muchos reformistas que pretenden limar el filo revolucionario del Primero de Mayo reduciéndolo a una ficha en el juego de la campaña electoral; esa verdad incuestionable y que debe reafirmarse en todo nuestro actuar es que el Primero de Mayo es una jornada de combate del proletariado mundial.
Tiene un claro e innegociable carácter de clase; es decir, que allí se unen los obreros de todos los orígenes, sexos, creencias religiosas, edades, nacionalidades, filiaciones políticas a partidos rojos, verdes, azules, rosados, etc. El Primero de Mayo es el día internacional de toda la clase obrera, un día donde se reafirma y se inscribe en letras de molde la existencia de esta clase; una verdad que los capitalistas pretenden ocultar pues muy bien saben que si los obreros elevan su compresión de que son una fuerza social internacional y que los hermanan unas condiciones económicas similares, estarán a un paso de ser conscientes del enorme poder que tienen para transformarlo todo desde la raíz.
Comprender el carácter del Primero de Mayo es asimilar por ende que no es un día «festivo», sino de lucha contra ese enemigo común que tienen todos los asalariados, y junto a ellos todo el pueblo trabajador; junto a todos estos millones de seres humanos, ese gran enemigo que tiene la sociedad, la naturaleza y toda la vida en el planeta.
De ello se desprende que la conmemoración de esta histórica jornada internacionalista y revolucionaria debe organizar todas las fuerzas del proletariado en todo el planeta y no reducirla a servir de «furgón de cola» de ninguna campaña electoral.
Incluso se debe criticar que entre las cúpulas de las centrales sindicales se practique el contubernio con posturas ajenas a los intereses de la clase obrera y se hagan componendas con politiqueros enemigos de los trabajadores, vendiendo así la independencia del movimiento obrero a cambio de puestos en el Estado.
No se debe reducir el Programa Revolucionario del Proletariado a un programa de campaña electoral, pues eso es abiertamente hacerle el juego a la burguesía en su carrera por oscurecer la conciencia de los proletarios y reducir los alcances de la lucha de los trabajadores a la limitada acción dentro de los marcos estrechos que da la democracia burguesa, y sobre todo, porque hacer del Primero de Mayo una jornada de campaña electoral contribuye a inocular en los obreros la falsa idea de que a través de las elecciones se conquistan sus derechos, reduciendo además la necesaria crítica y sobre todo lucha contra el Estado burgués, aparato de dominación, de opresión y explotación. Poner énfasis en la campaña electoral en la jornada del Primero de Mayo contribuye a embellecer la mutilada democracia del Estado de los ricos, poniendo a soñar a los obreros con un Estado capitalista al servicio del pueblo.
El Primero de Mayo debe ser una portentosa jornada de lucha que ponga muy en alto el camino para el pueblo, que ratifique la idea de que los intereses de los trabajadores se conquistan y defienden en las calles; que el poder de los obreros viene de su organización y lucha directa, que se materializa en la huelga, en el paro de la producción, en las carpas, en los bloqueos, en la organización de las asambleas populares para ejercer su poder directamente, en la revolución proletaria mundial.
Importante igualmente este Primero de Mayo, combatir el nacionalismo que inculca entre los trabajadores la idea de que por encima de todo «somos colombianos», pues el Primero de Mayo es un día internacionalista, y por ende la lucha en el país no está aislada, sino que hace parte de la lucha mundial del proletariado contra el hambre, el desempleo, la acumulación de la miseria en la mayoría y la opulencia en unos pocos, contra las guerras de rapiña imperialistas, los feminicidios, contra todas las lacras que son propias del sistema.
Exigir en las calles y en la propaganda, la independencia de esta conmemoración y por ende, no convertir el tema de las elecciones en un asunto que determine o no la unidad, poniendo de presente que a nadie se le debe juzgar por votar o no votar en las elecciones, exigiendo que esta sea una decisión libre e individual y no ponerla como condición a la hora de organizar y desarrollar todo lo que tienen que ver con el día internacional de la clase obrera. Pues al final, votar o no votar… lo importante es organizarse y luchar contra el capitalismo.
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