Monday, June 1, 2026

Magnifica Humanitas: León XIV y la IA como doctrina a la medida del capital -Revolución Obrera

 


Magnifica Humanitas: León XIV y la IA como doctrina a la medida del capital 1

La Iglesia Católica en cabeza de León XIV ha sido la protagonista en redes sociales y conversaciones cotidianas con expresiones de admiración y percepción guía y ejemplo, ahora en boga con la encíclica del Papa que señala a la IA como un peligro para la humanidad. Titulada «Magnifica Humanitas», esta encíclica se vende como faro de luz moral que ilumina la humanidad decadente y dominada cada vez más por la IA como reza su subtítulo: «Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial». Pero esta carta encíclica no es nada más que un escrito realizado a la medida de los intereses del gran capital sobre esta industria. No es casualidad que los días anteriores a su publicación, el mismo Papa se reuniera en Ciudad del Vaticano con Christopher Olah representante de Anthropic, empresa gigante de esa industria que posee la IA Claude, y que aboga en el papel por una «IA más ética», pero con intereses económicos evidentes bajo la lógica de la acumulación.

Esta publicación del Papa representa el punto de vista de la Iglesia Católica y lo que se predicará en todo el mundo. Así entonces, es necesario recordar que no es la primera vez que un Papa se pronuncia con lenguaje “popular” y “humanitario” para imponerse como salvadora de la humanidad, pues tenemos (entre otros) el antecedente de la encíclica Rerum Novarum de León XIII (mal llamado papa proletario), publicada en 1891 en la que habla, según su subtítulo: “Sobre la situación de los obreros”. Allí el Papa, mientras expresa una supuesta preocupación por la situación del pueblo trabajador, al mismo tiempo hace una defensa sólida de la acumulación de la riqueza y la propiedad privada, como menciona en el apartado 13 de esta encíclica: “Y hay por naturaleza entre los hombres muchas y grandes diferencias; no son iguales los talentos de todos, no la habilidad, ni la salud, ni lo son las fuerzas; y de la inevitable diferencia de estas cosas brota espontáneamente la diferencia de fortuna”.

Lo anterior es necesario recalcarlo porque la propiedad de los medios de producción que hacen posible la puesta en marcha de las inteligencias artificiales sigue en las manos privadas de una minoría burguesa en todo el mundo y con intereses contrarios a los del proletariado internacional. Así, aunque León XIV enuncie en el apartado 110 de Magnifica Humanitas, que “… Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás”, esto no basta porque no toca y no va a tocar nunca la base material del la relaciones sociales de producción y propiedad en el modo de producción capitalista (del que son importantes impulsores y apropiadores) sobre el que se sostiene toda la humanidad,  por lo que aunque León insista en que “… Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida” esto es insuficiente a la luz de los intereses de la clase obrera mundial, toda vez que solo señala de forma superficial los problemas que ensombrecen el mundo, y se aparta con una estela de “neutralidad” sin plantear método alguno de resolución, pero en palabras de Marx: “de lo que se trata es de transformarlo”. Y, sobre todo, se trata de avanzar en su transformación bajo el socialismo y la dictadura del proletariado sobre las clases explotadoras, derrumbando los viejos cimientos de la propiedad privada y la propiedad ajena del trabajo.

Ninguna iglesia es aliada del proletariado, pues más temprano que tarde terminan anteponiendo y defendiendo sus intereses en el mercado de la fe por encima de los intereses de la clase obrera. Y es en esa línea que la conocida doctrina social de la iglesia no es otra cosa que parte de la superestructura de la sociedad burguesa, que se planta como primera línea de defensa del orden establecido de la Iglesia Católica en alianza con el Estado Democrático Burgués. Palabras y discursos emocionantes, pequeños gestos de bondad y meramente declarativos son entonces suficientes desde la Iglesia y el Estado para adormecer a las masas y distraerlas de su definitiva emancipación. Esto no implica negar los aportes y la participación de revolucionarios que salieron de las filas de esta nefasta institución, sino que se parte del hecho de la naturaleza de clase del clero, que es antagónica a la de la causa de liberación del proletariado.

Lo más importante que se debe dejar claro siempre, es la necesidad imperiosa de que la clase obrera se organice para luchar de forma revolucionaria y con independencia política de clase en su dispositivo político de vanguardia, el Partido Comunista. Pero no de forma aislada, sino de forma coordinada con sus hermanas y hermanos en todo el mundo en una Asociación Mundial del Proletariado. Solo así, movidos por la causa de la Revolución Socialista en todo el planeta y no por discursos demagógicos de representantes políticos del clero y la burguesía, podremos avanzar hacia la verdadera salvación de la humanidad.

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